Palabras que duelen, palabras que abrazan(lenguaje inclusivo)
- miradasqueincluyen
- 16 dic 2025
- 3 min de lectura
Dice el refrán que las palabras se las lleva el viento. Pero hay palabras que duelen, aunque muchas veces no tengan la intención de hacerlo. De ahí la importancia del lenguaje inclusivo y la discapacidad. Porque el lenguaje no es neutral, aunque muchas veces no seamos conscientes de ello. El uso y la intencionalidad que se le dé es tan importante como las propias palabras.
¿Cuál es la manera correcta de referirse a personas con discapacidad?
No podría ser más simple: personas con discapacidad. Antes, en Bolivia la normativa sobre discapacidad estaba contenida en la Ley N° 1678, de la Persona con Discapacidad de 1995, que incluía en sus definiciones términos como minusvalía para referirse a desventajas asociadas a la discapacidad, un lenguaje que hoy se considera medicalizante y estigmatizante.
Con la aprobación el 2 de marzo de 2012 de la Ley General para Personas con Discapacidad (Ley N° 223), el Estado Plurinacional adoptó de manera explícita la denominación “personas con discapacidad” en todo su articulado, garantizando el ejercicio pleno de sus derechos, la inclusión social y la igualdad de oportunidades bajo un enfoque de derechos humanos.
“El termino de discapacidad no es ofensivo, sino lo ofensivo es como lo dirás, en que contexto lo dirás, por ejemplo, el que te digan eres un discapacitado porque no puedes, te ven inútil, no sabes, ahí ya es ofensivo […] discapacitado puede ser la mesa, puede ser el burrito (andador ortopédico) porque son objetos, pero yo ante todos soy persona con discapacidad, entonces el termino discapacitado me discrimina, me objetivisa, me vuelve como objeto, es capacitista porque, porque vivimos en una sociedad capacitista y ¿nosotros somos los anticapacitistas? No, entonces debemos de reconocer nuestras capacidades dentro de la discapacidad”. Así, habla y pone fin a las dudas Lurdes Cecilia Tamayo Nava, psicóloga, escritora y líder de del espacio “Volando con Alas Rotas Bolivia” (objetivo trabajo sociofamiliar de personas con parálisis cerebral infantil para que desarrollen su capacidad socioproductiva, y exploren sus capacidades tanto socioeconómicas y personales).
Según Javier Salguero Aramayo, ex director general ejecutivo del Comité Nacional de Personas con Discapacidad (CONALPEDIS), “el término adecuado es persona con discapacidad […] el término discapacitado o personas con capacidades diferentes, capacidades especiales, son otros términos que no engranan ni se adecúan a lo que estamos haciendo aquí en nuestro país.”
Huir de la infantilización
Los eufemismos, como "sordita" o "cieguito", caen en la infantilización de las personas con discapacidad. En este mismo sentido, palabras como chicos, chicas, niñas o niños, cuando nos referimos a personas adultas con discapacidad.
La infantilización de la discapacidad tiene que ver con una lógica centrada en la falla que percibe a cualquier persona con discapacidad como incompleta, vacía de necesidades, deseos y anhelos e incapaz de tomar decisiones.
Normalizar la discapacidad: una base del lenguaje inclusivo en Bolivia
¿Por qué resulta discriminatorio emplear términos como “anormal”, “deficiente”, “incapacitado” o expresiones aparentemente amables como “personas especiales” o “diferentes”? Aunque estas palabras siguen siendo frecuentes en el habla cotidiana en Bolivia, su carácter discriminatorio radica en que ponen el énfasis en la condición y no en la persona. Al hacerlo, reducen a las personas con discapacidad a una etiqueta, invisibilizando su condición de sujetos de derechos, ciudadanos y ciudadanas con dignidad, capacidades y potencialidades como cualquier otra persona.
Normalizar la discapacidad en el del lenguaje es un paso fundamental para avanzar hacia una inclusión efectiva en la sociedad boliviana. El lenguaje inclusivo supone solo uno de los pasos a dar para avanzar hacia sociedades más justas e igualitarias La verdadera inclusión requiere, además, políticas públicas efectivas, accesibilidad universal y un cambio cultural profundo que garantice el ejercicio pleno de los derechos de las personas con discapacidad.
Cómo expresar la discapacidad específica
En todos los casos, hablamos primero de la persona y luego decimos la discapacidad.
Persona con discapacidad visual o ciega o con baja visión
Persona con discapacidad auditiva o sordo (no es correcto sordomudo)
Persona con discapacidad física o movilidad reducida (no es correcto minusválido o lisiado)
Persona con discapacidad intelectual o cognitiva (no es correcto retrasado o enfermo mental)
Persona con discapacidad psíquica (no es correcto loco o demente)
Persona con trastorno del espectro autista o discapacidad del desarrollo.
Las palabras crean realidades, respaldan una forma de ver la vida y el mundo que nos rodea y cómo las personas reaccionan. Empecemos a utilizar categorías que ponen a la persona como prioridad y sujeto de derechos sin eufemismos. Deconstruir la manera en que nos expresamos es, sin duda, el primer paso y fundamental en pos de lograr una sociedad más inclusiva.


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